José de Segovia, periodista y pastor, lleva décadas conversando con la cultura desde la fe y la Biblia. En su amplia experiencia, considera que la nueva generación, menos prejuiciada religiosamente que la anterior, está abriendo preguntas que sus padres cerraron de golpe.
Esta conversación tuvo lugar en el contexto de Fórum GBU, una reunión en la que participaron más de 700 personas de toda España vinculadas a la obra que lleva adelante GB Unidos en España. Un escenario apropiado para hablar de generaciones, testimonio y cultura.
“La generación de los boomers estaba inmunizada contra todo lo religioso”, explica José de Segovia. Criados en centros católicos, vinculados a la iglesia a través de rituales de iniciación, pero profundamente escépticos, fueron una generación que se “cerró totalmente, espiritualmente”. La transición española, con su ruptura cultural y política, produjo una sociedad abierta pero poco interesada en cualquier cosa que le recordara al cristianismo.
La generación que viene ahora llega sin ese lastre, pero tampoco llega sin riesgos. El pastor y conferenciante lo discutió recientemente en un encuentro del ministerio City to City en Budapest, donde predicadores de distintas ciudades europeas coincidían en el diagnóstico: hay apertura espiritual, pero se trata de una generación sin apenas referencias bíblicas. “No tienen la menor noción de la Biblia ni de lo que implica, pero tienen una actitud de interés”, resume.
La pregunta que muchos se hacen al ver cómo ciertos referentes culturales en España se aproximan a la fe es si se trata de una moda pasajera o algo más profundo. José de Segovia considera que ha habido otras oleadas de apertura espiritual en el pasado —“figuras como Rosalía son, en cierta forma, la última expresión de fenómenos como el que produjo Madonna en los años 80”—, pero también ve señales de algo más estructural. La crisis de las ideologías, el agotamiento del consumismo y la polarización social están creando una apertura a otras realidades.
Lo que sí descarta el periodista es el oportunismo o la comercialidad como explicación. En ese contexto, cree que el camino de quienes quieren compartir su fe no puede pasar por adaptar el mensaje evangélico a una espiritualidad vaga. “Nosotros predicamos y conocemos a Dios en Cristo como Salvador de pecadores. Sería un error llevarlo todo a la ambigüedad de una espiritualidad indefinida”, advierte. En ese sentido, casos de conversión como el de Dani Alves le parecen más reconocibles que sorprendentes: “La conversión evangélica siempre ha sido de gente no espiritual. Dios viene a salvar pecadores”.
En la conversación José de Segovia aborda el tema del ministerio convertido en idolatría. Las redes sociales han amplificado una dinámica que ya existía, pero la han llevado a una escala nueva. Y lo preocupante, subraya, es que afecta a todos los espectros del mundo evangélico.
“El único pensamiento que tienen muchos predicadores cada semana es: ¿qué hago yo en el vídeo esta semana?”, dice. Pero el problema no es solo el de los predicadores que buscan visitas y seguidores con mensajes motivacionales. También afecta, en su opinión, a quienes se presentan como guardianes de la ortodoxia: “Hay mucha gente con afán por la sana doctrina que no piensa más que contra quién se va a meter esta semana, qué herejía puede encontrar. A mí eso me parece tan mundanal como el otro”.
Ambas actitudes, sostiene nuestro entrevistado, revelan la misma trampa: “Tu satisfacción viene de cuántas visitas has tenido, cuántos han caído en el clickbait”. Y en el lado opuesto, el del profetismo victimista —“todo el mundo está en contra porque yo defiendo la verdad”—, el mecanismo es idéntico: el ministerio se convierte en un espejo donde uno se contempla a sí mismo en lugar de servir a Dios.
Como alguien vinculado desde su juventud a los Grupos Bíblicos Universitarios, José de Segovia realiza un recorrido por su experiencia y un diagnóstico del presente del este ministerio. Recuerda que su participación en los grupos de GBU durante la transición fue determinante, en un contexto donde “nadie podía vaticinar que había futuro alguno en ese movimiento”. Hoy, décadas después, la obra ha florecido de una forma que entonces parecía impensable.
El periodista destaca especialmente el trabajo que se está desarrollando entre profesionales a través de los grupos de GBG: “Es impresionante. Ha conformado grupos profesionales que están ya establecidos y que tienen una visión realmente madura”. Pero señala también la asignatura pendiente: el bachillerato, los institutos, los adolescentes. “Sería clave alcanzar a todos estos jóvenes que están en ese periodo de apertura que probablemente no ha habido anteriormente”, concluye. En un momento en que una generación hace preguntas que sus padres nunca se hicieron, esa ventana no debería cerrarse sin respuesta.
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Publicado en: PROTESTANTE DIGITAL – ESPAÑA
– “El ministerio como idolatría es una de las grandes trampas de nuestra época”